viernes, 9 de julio de 2010

VIVIR ENTRE LA INOCENCIA Y EL PELIGRO


Aun cuando poco han variado las cifras en los últimos años, releerlas una vez más no hace otra cosa que aguijonear la cólera. De manera particular, de quienes vivimos en un país donde ellos y ellas hacen lo que a su edad atañe. Ah, pero en el mundo no todo anda como corresponde.

Lo confirman datos recientes de la Organización Internacional del trabajo (OIT). Según estos números, de los 215 millones de niños y niñas, entre cinco y 17 años, que trabajan hoy en todo el mundo, unos 115 millones lo hacen bajo circunstancias peligrosas, de esclavitud o algún otro tipo de explotación que les afecta su integridad física y mental.

Con acertada visión, dice la sabiduría popular que el trabajo ennoblece. Ayudar a los padres con la economía doméstica, puede ser imprescindible en muchos hogares del Tercer Mundo. Incluso, determinadas ocupaciones pueden formar parte del propio entorno en el que viven y estar acorde a su edad. Pero, ojo; no si ese trabajo arruina o socava el bienestar de niñas y niños, su educación, desarrollo y calidad de vida futura. Al menos, así lo anuncia la OIT, quien fija en 12 años la edad para el comienzo de la vida laboral, siempre y cuando esta no ponga obstáculos a la adecuada formación de esas y esos pequeños. De hecho, esta propia organización, la UNICEF y varias Organizaciones No Gubernamentales como Save the Children o Manos Unidas, no pierden de vista el impactante panorama que muestra el trabajo infantil en el mundo.

De hecho, cifras aportadas por Manos Unidas y reproducidas por algunos medios periodísticos, indican que el número de jóvenes de 15 a 17 años empleados, ha aumentado en los últimos años a más de 60 millones, de los cuales la mayoría se ubican en áreas agrícolas.

En tanto, el sector doméstico enmascara un escenario no menos penoso para la infancia. Se asegura que unos 40 millones de niños, niñas y adolescentes engrosan la nómina de este empleo. De ellos, 10 millones están ocultos en las viviendas de sus empleadores, quienes los someten a condiciones de absoluta esclavitud.

Ante semejante contexto, la Organización Internacional de Trabajo, acordó recientemente adoptar en junio de 2010 una Nueva Convención sobre Trabajo digno para Trabajadores Domésticos, mediante el cual pretende proteger a los y las pequeñas trabajadoras en ese medio.

Aún así, la OIT ha expresado su preocupación por la lentitud con que avanza la eliminación del trabajo infantil y que por ende, entorpece el camino para exterminar, a su vez, las peores formas de ese tipo de empleo para el año 2016.

Romper las cadenas que atan la vida, presente y futura, de más de 200 millones de infantes, deviene obra monumental para quienes soñamos y aspiramos proteger a las niñas y niños porque ellas y ellos son, a no dudarlo, la esperanza del mundo.

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